Seis científicos federales expulsados por el gobierno de Trump hablan del trabajo que quedó sin terminar

Press Release

Marc Ernstoff, un doctor que ha sido pionero en la investigación y los tratamientos de inmunoterapia para pacientes con cáncer, dijo que su trabajo como científico federal se volvió insostenible bajo el gobierno de Trump.

Philip Stewart, un investigador de Rocky Mountain Laboratories enfocado en enfermedades transmitidas por garrapatas, dijo que se jubiló dos años antes de lo planeado debido a obstáculos que hacían demasiado difícil hacer bien su trabajo.

Alexa Romberg, científica dedicada a la prevención de adicciones enfocada en el tabaco, dijo que “perdió gran parte” de la investigación que supervisaba cuando desaparecieron las subvenciones federales.

“Si uno piensa en la agenda de ‘Make America Healthy Again’ y en la prevención de enfermedades crónicas”, dijo Romberg, “el consumo de tabaco es el principal factor que contribuye a la enfermedad y la muerte temprana que podemos prevenir”.

Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) son el mayor financiador público de investigación biomédica en el mundo. Su misión es “mejorar la salud, prolongar la vida y reducir las enfermedades”.

Durante décadas, el valor de los NIH ha sido quizá una de las pocas cosas en las que todos en Washington han estado de acuerdo. Los legisladores han aumentado su financiamiento de forma constante.

“Estoy muy complacido de estar asociado con los NIH”, dijo el senador Roy Blunt, republicano de Missouri y uno de los mayores defensores de la institución en el Congreso, en 2022, poco antes de retirarse.

Pero durante el segundo mandato del presidente Donald Trump, los NIH han visto un éxodo masivo de científicos como Ernstoff, Stewart y Romberg. Datos federales muestran que los NIH perdieron alrededor de 4.400 personas, más del 20% de su fuerza laboral.

Los científicos dicen que estas salidas afectan la capacidad de Estados Unidos para responder a brotes de enfermedades, desarrollar tratamientos para enfermedades crónicas y enfrentar los problemas de salud pública más urgentes del país.

“Las personas sufrirán las consecuencias”, señaló Sylvia Chou, científica que trabajó en el Instituto Nacional del Cáncer (NCI, por sus siglas en inglés) en Rockville, Maryland, durante más de 15 años antes de irse en enero. “Habrá muchos más problemas de salud e incluso muertes, porque necesitamos la ciencia para ayudar a las personas a estar sanas”.

Por qué se están yendo

KFF Health News entrevistó a media docena de científicos que dijeron que dejaron sus trabajos años antes de lo planeado debido a la agitación de 2025.

Hace apenas unos años, la fuerza laboral de los NIH crecía de forma constante, pasando de unos 17.700 empleados en el año fiscal 2019 a alrededor de 21.100 en el año fiscal 2024, según datos federales. Con Trump, ese crecimiento se redujo.

El gobierno de Trump implementó una campaña para sacar a trabajadores del gobierno considerados desleales al presidente. Algunas personas fueron despedidas o presionadas para irse. Los funcionarios también establecieron un congelamiento de contrataciones que duró varios meses.

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La fuerza laboral de los NIH cayó a unas 17.100 personas, su nivel más bajo en al menos dos décadas. La mayoría de quienes se fueron no fueron despedidos. Aproximadamente 4 de cada 5 se jubilaron, renunciaron, terminaron sus nombramientos o encontraron otro trabajo, según datos federales.

Los científicos observaron con preocupación cómo a sus colegas se les obligaba a cancelar fondos de investigación para temas que el gobierno de Trump consideraba prohibidos. En los laboratorios de los NIH, el trabajo rutinario se detuvo.

También dijeron que enfrentaron grandes retrasos para acceder a equipos y suministros. Las autorizaciones de viaje se retrasaban o se negaban.

Al personal de la agencia se le ordenó no comunicarse con nadie fuera de la institución. Cuando volvieron a poder hacerlo, se les impusieron más restricciones sobre lo que podían presentar al público.

Y bajo la agenda del gobierno para eliminar la “diversidad, equidad e inclusión”, se sacaron referencias a minorías o a la equidad en salud en investigaciones financiadas por los NIH. También se eliminaron iniciativas destinadas a proteger la salud de los estadounidenses.

Entre ellas: apoyo a científicos que comienzan su carrera, estrategias para prevenir daños por VIH o por adicciones, y estudios sobre cómo los sistemas inmunológicos de distintas poblaciones responden a enfermedades.

En un artículo de opinión publicado en enero, Chou y Romberg estuvieron entre un grupo de científicos de los NIH que dijeron que renunciaron en protesta contra un gobierno “que trata la ciencia no como un proceso para construir conocimiento, sino como un medio para impulsar su agenda política”.

Una “destrucción fundamental”

Emily Hilliard, vocera del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus siglas en inglés), dijo en un comunicado que la agencia cambió su enfoque para priorizar la investigación basada en evidencia en lugar de “agendas ideológicas”.

Agregó que los NIH siguen contratando a “los mejores y más brillantes” y avanzando en ciencia de alta calidad para “lograr avances para el pueblo estadounidense”. El departamento supervisa los NIH.

“Era necesario un reinicio importante. El HHS ha tomado medidas para simplificar las operaciones, reducir duplicaciones y volver a los niveles de empleo previos a la pandemia”, dijo Hilliard.

Sin embargo, muchos científicos dudan de que los NIH aún puedan cumplir su misión pública.

“Ha habido una destrucción fundamental”, observó Daniel Dulebohn, investigador que pasó casi dos décadas en Rocky Mountain Laboratories en Hamilton, Montana. “Va a tomar muchísimo tiempo reconstruirlo”.

Dulebohn dejó el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) en septiembre.

Analizaba cómo interactúan moléculas y proteínas en enfermedades como la enfermedad de Lyme, el VIH y el Alzheimer, información clave para desarrollar nuevos tratamientos. Dulebohn era una fuente para científicos que enfrentaban dificultades para entender, por ejemplo, si ciertas moléculas podían prevenir infecciones o responder a un tratamiento.

Ahora él y su esposa viven de sus ahorros en México con sus tres niños pequeños. Dulebohn está pensando en qué hará después. Una opción: bienes raíces.

El experto en análisis bioquímico operaba equipos que pocas personas saben usar. Su salida reduce aún más los recursos en esta especialidad.

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“Está claro cuando alguien crea un medicamento y se cura una enfermedad. Pero nunca sabes cuáles podrían haberse curado”, dijo Dulebohn. “No sabemos lo que hemos perdido”.

Laura Stark, profesora asociada en la Universidad Vanderbilt, especializada en la historia de la medicina y la ciencia, dijo que eliminar personal de los NIH impulsará un cambio hacia la investigación del sector privado, con fines de lucro, “en lugar de realmente ayudar a la salud de los estadounidenses”.

“Simplemente ya no tenemos personas que puedan dedicarse a investigar por el bien público”, señaló Stark.

De apoyo a escrutinio

Stark dijo que las bases de los NIH actuales se establecieron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno de Estados Unidos lideró un esfuerzo para producir en masa el antibiótico penicilina y salvar a soldados de infecciones.

La agencia ha tenido un papel central en descubrimientos y tratamientos que salvan vidas, incluidos avances para afecciones del corazón, cáncer, diabetes y enfermedades genéticas como la fibrosis quística.

Con apoyo bipartidista en el Congreso, el presupuesto de los NIH ha crecido con el tiempo y alcanza los $48,7 mil millones para el año fiscal 2026.

Los NIH destinan aproximadamente el 11% de su presupuesto a científicos de la agencia. Alrededor del 80% se otorga a universidades y otras instituciones.

El dinero puede existir, pero las personas encargadas de asignarlo ya no están, dijeron los científicos.

Jennifer Troyer dejó el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (NHGRI, por sus siglas en inglés) en Bethesda, Maryland, el 31 de diciembre, después de trabajar en varios cargos en los NIH durante unos 25 años.

La división que dirigía revisa investigaciones y supervisa subvenciones a organizaciones que estudian el genoma humano —el conjunto completo de genes de una persona— y cómo puede usarse para mejorar la salud.

Dijo que el año pasado su división perdió cerca de dos tercios de su personal.

“Realmente no hay suficientes personas allí ahora para hacer el trabajo”, dijo Troyer. “Es un daño extremo”.

Decidió renunciar el día en que Trump emitió una orden ejecutiva en agosto que prohibía el uso de subvenciones para “financiar, promover, fomentar, subsidiar o facilitar” lo que describió como “valores antiestadounidenses”. También permitió que funcionarios políticos revisaran todas las decisiones de financiamiento.

“Yo no estaba dispuesta a dirigir una división bajo esas órdenes”, añadió Troyer. Aún no sabe cuál será su próximo paso profesional.

“Ya es suficiente”

Incluso investigaciones alineadas con las prioridades declaradas del gobierno se han visto afectadas.

El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., ha dicho que el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Lyme —una infección transmitida por garrapatas que puede causar síntomas debilitantes de por vida— son una prioridad.

En diciembre, Kennedy dijo que el gobierno durante mucho tiempo ha ignorado a pacientes afectados por esta enfermedad, que se diagnostica cada año a casi 500.000 personas en el país.

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Ese mismo mes, Stewart, quien dedicó su carrera a estudiar garrapatas y la enfermedad de Lyme como científico federal, se jubiló antes de tiempo. Había trabajado para el gobierno durante 27 años.

Stewart dijo que los recortes de personal y los retrasos en los viajes frenaron sus esfuerzos por confirmar hasta dónde se habían extendido las garrapatas que transmiten Lyme, información que podría ayudar a los doctores a reconocer síntomas más rápido.

Stewart fue el científico principal en una investigación publicada el año pasado que identificó una garrapata de patas negras —también conocida como garrapata del venado— en Montana. Fue la primera vez que se confirmó en ese estado la garrapata más conocida por transmitir la enfermedad.

Él quería determinar si el hallazgo era un caso aislado o una señal de que la especie estaba expandiéndose.

“El consejo que hemos recibido es: ‘Bajen la cabeza debajo de la línea de la trinchera. No miren. No se asomen y se arriesguen a que les disparen’”, dijo Stewart. “¿En qué momento dices finalmente: ‘Ya es suficiente’ y ‘Ya no estamos siendo efectivos’?”

Los científicos dijeron que quienes comienzan sus carreras están buscando empleo y capacitación en el extranjero.

Los que quieren quedarse en Estados Unidos enfrentan dificultades para ser contratados debido a los recortes en subvenciones de investigación y la incertidumbre sobre el financiamiento.

En conjunto, los expertos que estudian enfermedades advierten que Estados Unidos podría perder su posición histórica como líder mundial en investigación biomédica, con un impacto devastador.

Stanley Perlman, virólogo de la Universidad de Iowa que estudia enfermedades infecciosas pediátricas, dijo que ese liderazgo le dio al país más que prestigio: atrajo a científicos de todo el mundo para estudiar enfermedades que afectan especialmente a las personas aquí.

No hay garantía de que la investigación que se ha frenado se retome en otro lugar, ya sea en la industria privada o en otros países. Y si otros realizan ese trabajo, los estadounidenses podrían enfrentar retrasos para ver los beneficios, dijo.

“Si no tienes acceso a cómo se hizo el trabajo”, agregó Perlman, “es más difícil reproducirlo y adaptarlo para tu país”.

La editora de datos de KFF Health News, Holly K. Hacker, contribuyó con este artículo.

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